En 36 años, los peces podrían haber desaparecido de nuestros océanos, y en 100 años, todos los arrecifes de coral podrían estar muertos:

Consumo desmedido, industria petrolera, industria pesquera y comercio en general de los océanos, industria de transgénicos, pesticidas, refrescos embotellados y basureros:

La fórmula salina del agua de mar, es una fórmula exacta para la proliferación de la vida, además de la fórmula del agua de mar, la vida en el océano está regida por temperaturas, dichas temperaturas, a según el lugar, son las que dieron paso a la formación de la vida.

En el caso de los arrecifes de coral, en donde se conforma el 40 por ciento de la vida en el mar; los corales tienen una temperatura específica, sin embargo, a través del consumo de plásticos, combustibles fósiles, el uso de monocultivos y pesticidas en tierra firma están causando que la temperatura del mar aumente, esto en consecuencia del aumento de la temperatura en la atmósfera; estas prácticas descomunales y bárbaras, específicas de una sociedad atrasada, son las que impiden la evolución y comprensión de la bio diversidad terrestre a través de practicas retrógradas como el consumo y la religión:

Las cuales causan ignorancia, contaminación, ejercen violencia y dependencia.  

Gerardo González Miranda / tele maíz

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El Futuro de los Recursos Pesqueros Marinos

J. Emmett Duffy

La industria pesquera ha transformado los océanos del mundo.

La pesca marina le suministra una fuente principal de proteínas a la población mundial, y mantiene una industria avaluada en mas de $85 millardos anuales.

La gente ha pescado desde el principio de la historia de la humanidad, y los efectos del exceso de pesca fueron aparentes inclusive en algunas sociedades primitivas con densidades de población relativamente bajas.

Fue durante el Siglo 20 que la pesca se expandió rápidamente a la escala global, como resultado de las naves motorizadas, la gasolina barata, la refrigeración, el crecimiento de los mercados globales de materias primas, y subsidios gubernamentales significativos para aumentar las flotas.

La industria pesquera marina hoy en día usa de un 24% a un 35% de la producción primaria en las plataformas continentales y en zonas donde hay gran surgencia, incluyendo la pesca incidental (animales marinos atrapados involuntariamente en las redes); esta es una cifra similar a los cerca de un cuarto de la producción terrestre potencial primaria neta de la que los seres humanos se han apropiado.

La pesca ha transformado los océanos del mundo.

Los humanos ahora somos una fuerza dominante de la naturaleza en los océanos, tal como lo somos en tierra, y a menudo tenemos un efecto negativo sobre los recursos pesqueros marinos con prácticas tales como:

  • La sobrepesca, que tiene lugar cuando el suministro de peces desciende por debajo de los niveles estándares debido a la pesca excesiva; ésta puede ser clasificada en tres tipos principales: sobrepesca en relación al crecimiento; sobrepesca con respecto al reclutamiento; y, sobrepesca que afecta al ecosistema.
  • Métodos pesqueros destructivos; éstos utilizan métodos dañinos tales como la pesca de arrastre, en la cual los pescadores suspenden grandes redes de los botes para barrer el fondo del océano, y acaban capturando en sus redes otros animales marinos y otros organismos tales como corales, y también amenazando la biodiversidad, matando animales innecesariamente, y causando daños al medio ambiente del océano.
  • Polucionando el ecosistema, tanto directamente (como por ejemplo con basura, exosto de los barcos, y derrames de petróleo) así como indirectamente con fosfatos y nitratos de la escorrentía de la agricultura.

Estado de la industria pesquera marina global.

En la actualidad las presiones de la pesca parecen haber alcanzado, si no sobrepasado, el punto en que el océano ya no puede proveer más. Estimativos basados en datos de captura de la industria pesquera, los cuales fueron corregidos para tener en cuenta reportes exagerados por parte de China, sugieren que la pesca global llegó a un punto máximo a finales de 1980, y esta cifra se ha mantenido estable o empezado a disminuir desde ese entonces.1,9 La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) lleva a cabo cada cuatro años el análisis mas completo de las existencias globales de peces, y recientemente informó que “se ha alcanzado el potencial máximo de captura de la industria pesquera en los océanos del mundo.”1 La situación guarda semejanza con la llegada al cenit del petróleo, aunque la producción pesquera por lo menos es parcialmente un recurso renovable.

La mitad de las existencias mundiales de peces han llegado a sus límites máximos de sostenibilidad.

¿Qué se puede decir de las existencias individuales de peces? En el 2008, la FAO estimó que más o menos la mitad de las 523 poblaciones de peces de las pesquerías mundiales que fueron evaluadas están “totalmente explotadas”, lo cual quiere decir que están siendo pescadas a tasas cercanas a sus límites máximos de sostenibilidad, mientras que el otro 28% está “sobre-explotado o agotado”, lo cual quiere decir que está siendo explotado a tasas que no son sostenibles a largo plazo.1 Incluso estos números son inciertos y posiblemente conservadores puesto que no incluyen muchas pesquerías tropicales comerciales y artesanales de pequeña escala; aún más, estas cifras no incluyen poblaciones de peces que ya han colapsado y han sido abandonadas.

Ecosistemas enteros son afectados por la pesca.

Los impactos de la pesca han sido particularmente duros sobre los depredadores de crecimiento lento. Típicamente la pesca de aguas profundas, tal como aquella dirigida a la merluza negra (Dissostichus eleginoides) y el pez emperador (Hoplostethus atlanticus), ha experimentado un crecimiento rápido inicial seguido por un colapso. Además, muchos tiburones, los cuales son de lento crecimiento y tienen muy bajas tasas de reproducción, han sido reducidos en más de un 75% en las décadas recientes.10,13 Sin embargo, los impactos no se reducen a dichas especies. Al nivel de comunidad un amplio rango de fuentes de datos concluye que la abundancia promedio, el tamaño promedio, y la calidad promedio del hábitat, han disminuido en forma substancial en muchas regiones de los océanos del mundo en décadas recientes.

La biodiversidad marina y la producción pesquera

Un menor número de especies marinas conlleva una menor productividad promedio.

Una controversia acerca del estado de la pesca mundial que lleva tiempo sin ser resuelta llegó a un punto crítico en el 2006 cuando el científico Boris Worm y sus colegas reportaron el primer análisis cuantitativo completo de los vínculos entre la biodiversidad biológica marina y los servicios de ecosistema a las sociedades humanas.12 Ellos concluyeron que diferentes fuentes de datos, tales como teoría, experimentos controlados, tendencias históricas observadas, y capturas de pesca, muestran un patrón consistente: los ecosistemas marinos con un menor número de especies, ya sea naturalmente o debido a los impactos humanos, poseen una menor productividad promedio y una menor estabilidad. La mayor productividad de peces en los ecosistemas más diversos es probablemente en parte el resultado del clima o de los recursos que afectan tanto la diversidad como la productividad; sin embargo, es menos probable que tales efectos logren explicar la menor frecuencia de colapsos y la rápida recuperación de los mismos en los ecosistemas diversos.12 Aunque los mecanismos siguen siendo especulativos, las correlaciones entre diversidad y productividad y resistencia probablemente provienen en parte de un uso más eficiente de los recursos por parte de diversas comunidades con una mayor capacidad funcional, y del “efecto de portafolio”, en el cual un grupo diverso de “reservas” (ya sea poblaciones de peces o instrumentos financieros) es más estable frente a fluctuaciones ambientales, que cualquier población solitaria de peces.

Sin embargo, el mensaje principal de Worm y sus colegas, el cual vincula la biodiversidad con los servicios de los ecosistemas, fue opacado por otro punto mencionado en un comunicado de prensa asociado con la publicación del trabajo; este sostiene que si las tendencias actuales continúan, todas las especies marinas que se pescan en la actualidad habrán colapsado (es decir habrán descendido por debajo del 10% de su pesca histórica máxima) a mediados del siglo 21.

Esta afirmación generó atención mundial y fue altamente controvertida. La mayor parte de la controversia se centró alrededor del uso de los datos sobre captura de peces como representante de la abundancia de los peces. Los críticos anotaron en forma correcta que puede que las capturas no representen la abundancia de peces debido a los mercados cambiantes, a factores sociales, y a regímenes de manejo.

La disminución en la captura es un indicio de que las poblaciones de peces están en declive.

Aunque estos factores pueden ocultar las tendencias de las poblaciones de las existencias individuales de peces, no se ha sugerido ninguna evidencia convincente de que los datos del promedio global de captura tergiversen en forma significativa las tendencias de la abundancia global de peces. Efectivamente, un análisis concluyó que, “la disminución en la captura de peces es un indicio de que las poblaciones de peces están en declive. Suponer lo contrario implicaría que todos los pescadores o las agencias reguladoras de ecosistemas marinos grandes tales como el Mediterráneo, reducen la pesca de una especie en forma significativa sin que la reserva se encuentre en declive. Fuera de las Guerras Mundiales, no estamos al tanto de ningún caso así.”14 Este mismo análisis demostró una disminución constante durante las últimas décadas del número de nuevas poblaciones de peces que entraron a la pesca global; también demostró que si las tendencias actuales continúan, la reserva mundial de poblaciones de peces no explotados se vería agotada para el 2020. Esta tendencia general es consistente con la conclusión de la FAO que mencionamos más arriba. Por lo tanto, parecería razonable concluir que nos encontramos en el umbral, o más allá de la capacidad del océano de suministrar peces, y que se necesitan cambios significativos para poder mantener este servicio a largo plazo.

¿Qué queremos de los océanos?

¿Son los océanos simplemente una granja de producción de comida?

Barco pesquero de arrastre halando redes de pesca, cerca a Galveston, Tejas. Foto de: Robert K. Brigham, NOAA. Diferentes grupos pueden legítimamente ver las estadísticas sobre los tamaños de las poblaciones de peces ya sea como vasos a medio llenar o vasos medio vacios. Fuera del desacuerdo acerca de los datos, el debate entraña valores fundamentales:

  • ¿Como sociedad global, qué queremos de los océanos?
  • ¿Estamos satisfechos con tratarlos esencialmente como una granja industrial planetaria de filetes baratos de pescado (y de minas y de autopistas)?
  • O queremos algo más; un ecosistema multifuncional, resistente, que suministre una serie de servicios de ecosistema y una reserva estable de biodiversidad, tal como también productos?

¿Son los océanos algo más que una fuente de beneficios económicos?

Las consecuencias de tener valores diferentes puede ser vista de manera más clara cuando se considera la forma en que decidimos cuál es la abundancia óptima de peces en el océano. Los profesionales de la pesca tienen la tendencia de ver a los océanos en términos económicos, como productores de bienes, proteínas, y empleos. Ellos enfatizan que el manejo de la pesca tiene como fin explícitamente maximizar la productividad pesquera a largo plazo (la cantidad de peces capturados por año), lo cual en teoría ocurre cuando una población es reducida más o menos a la mitad de su biomasa de equilibrio. Esta meta es conocida como la Máxima Productividad Sostenible (Maximum Sustainable Yield; MSY, por sus siglas en inglés), y es la base de muchas de las legislaciones sobre manejo de pesca. De acuerdo con este punto de vista, históricamente hablando el manejo de la pesca tuvo como fin reducir las poblaciones de peces a menos de la mitad de lo que serian si no se pescara; aunque en forma más reciente, un enfoque prudente ha empezado a proponer una intensidad pesquera menos extrema.

¿Cómo conciliar los aspectos económicos con la diversidad ecológica?

En contraste, los críticos de este enfoque netamente económico tienden hacia una visión más integral del océano, y enfatizan el valor intrínseco de la diversidad biológica y su importante rol, aunque no bien cuantificado, en la producción de servicios de ecosistema no comerciales, tales como el procesamiento de basuras, la regulación climática, y el reciclaje de carbono.17Recientemente esta idea ha comenzado a penetrar el manejo de la pesca con la meta de un “manejo basado en el ecosistema”; la intención es manejar en forma simultánea el conjunto de actividades humanas y los procesos de ecosistema interrelacionados con ellas en un área en particular, a través de enfoques de manejo integrados, y basados en el lugar.18,19 De acuerdo a este enfoque, es probable que la reducción a largo plazo de múltiples poblaciones de peces a la mitad de su tamaño tenga consecuencias de gran alcance para el resto del ecosistema del océano; aunque solo hasta ahora se empiezan a entender bien estas consecuencias.

EL futuro de la pesca marina

Pese a que para evaluar el futuro de la pesca se necesita en parte saber qué queremos nosotros como sociedad de los océanos, varios problemas complican las predicciones más optimistas:

¿Cuándo es excesiva la cantidad que se pesca?

  1. La estabilidad de la pesca continua es cuestionable. La meta teórica de la MSY se excede en forma rutinaria en las prácticas pesqueras, a veces en forma severa;3 sin embargo, todavía no entendemos bien cómo afectan estos altos niveles sostenidos de pesca la estabilidad de las reservas pesqueras, cuando ocurren alteraciones naturales y antropogénicas (i.e., producidos por los humanos). Existe evidencia creciente que demuestra que tanto las poblaciones individuales de peces como los complejos ecosistemas de los cuales forman parte, pueden responder a la explotación y a otras presiones en forma no linear; pero existe un punto (conocido como “tipping point” en inglés) más allá del cual el equilibrio de la balanza cambia hacia un estado estable nuevo, el cual es resistente a los intentos para restaurarlo a su estado original.
  2. La demanda va a continuar aumentando. La población humana global está aumentando rápidamente; es probable que se duplique, más o menos, antes de que se estabilice alrededor de lo que se estima serán nueve millardos de personas. La utilización de recursos per cápita está aumentando aún más rápidamente; esto significa que la ya alta demanda de pescado y otros recursos por parte de la población humana va a crecer considerablemente en las décadas que vienen.
  3. Las proyecciones actuales sobre la industria pesquera no lo incluyen todo. Los pronósticos más optimistas del futuro de la pesca mundial se basan típicamente en la extrapolación de un puñado de ejemplos de existencias pesqueras bien manejadas, dentro de las aguas territoriales de democracias ricas, estables y bien gobernadas del occidente.27 Sin embargo, esto no constituye una muestra representativa de la pesca mundial, y habrán sin duda obstáculos formidables para diseminar modelos de manejo adecuado a través del resto del mundo, en particular frente al crecimiento de la población humana, el uso per cápita de los recursos, el cambio ambiental, y la probable inestabilidad política resultante de la interacción del cambio climático mundial con estos factores.

EL futuro de la pesca marina puede ciertamente ser visto como un microcosmos del futuro de la sociedad humana en general. Algunas preguntas básicas incluyen lo siguiente:

¿Qué podemos hacer para asegurar la estabilidad de las reservas pesqueras?

  • ¿Qué tan importante es, tener comida abundante y barata, y también empleos asociados con el suministro de estos alimentos a corto plazo, con relación a otros beneficios, tangibles e intangibles, que recibimos a largo plazo? Es cada vez más claro que muchos de estos beneficios no pueden ser obtenidos en forma simultánea.
  • ¿Qué tan importante es la disponibilidad de pescado abundante ahora, con respecto al mantenimiento de ecosistemas funcionales a largo plazo, que puedan suministrarle peces (y otros servicios de ecosistema) a nuestros nietos y más allá de ellos?
  • ¿Qué sacrificios, si es que se necesita alguno, estamos dispuestos a hacer ahora para asegurar la estabilidad a largo plazo de ese recurso?

Un análisis reciente relativo a la influencia de los valores sobre las actitudes en conflicto acerca el manejo de la pesca, dividió a los principales interesados en ecosistemas marinos, en usuarios consumidores (i.e., pescadores), gobierno, y organizaciones no gubernamentales (ONGs)16 ; sin embargo, éstos podrían igualmente ser descritos como: usuarios presentes y usuarios futuros. Cuando se tienen en cuenta los intereses de los “usuarios” de los océanos, dos, tres o cuatro generaciones más allá, los intereses de pescadores, gobierno y otros, coinciden mucho más. Las políticas que maximizan la producción pesquera actual pero ponen en peligro la producción pesquera y otros importantes servicios de ecosistema en la siguiente generación, no benefician a los pescadores de mañana, ni a ninguno de los otros ciudadanos representados por las ONGs y por el gobierno.

Soluciones potenciales

Como ocurre cuando se trata de desafíos ambientales en general, es poco probable que haya una sola solución para que la pesca a nivel mundial se vuelva sostenible. La conservación y el manejo marino efectivos requerirán varios enfoques paralelos, de los cuales vale la pena mencionar tres soluciones centrales que han sido propuestas.

El manejo basado en un enfoque de ecosistema tiene en cuenta la macro perspectiva

1. El manejo basado en el ecosistema (MBE) reconoce y trata de incorporar al manejo pesquero las complejas interacciones que existen entre las reservas pesqueras, y entre éstas y los ecosistemas más amplios que las mantienen.28 Un concepto relacionado más especifico es el enfoque de ecosistema para la pesca (EEP); éste es un tipo de gerencia pesquera que deriva su base conceptual y sus enfoques operativos tanto del manejo pesquero convencional como del manejo de ecosistemas.29 Los elementos básicos de los dos enfoques incluyen el mantenimiento de las tasas de explotación de una sola especie por debajo de aquellas que producirían MSY (máxima productividad sostenible), y el evitar la captura accesoria de especies que no son el objetivo. Por lo tanto, tanto el MBE como el EEP se distinguen del manejo pesquero tradicional, el cual se enfoca en forma aislada en la maximización de la productividad de las reservas pesqueras. Puesto que la regla en dinámica de ecosistemas son las interacciones indirectas complejas, y éstas son a menudo impredecibles, el MBE le atribuye particular importancia a las medidas preventivas que tienen por objetivo el evitar agotar las reservas pesqueras. El manejo basado en el ecosistema ha sido ordenado por la Ley de Parques Marinos de la Gran Barrera de Coral [Great Barrier Reef Marine Park Act] de 1981, en Australia, la Ley Magnuson-Stevens de Conservación y Manejo de Pesca [Magnuson-Stevens Fishery Conservation and Management Act, 1996, ratificada en el 2006] en los Estados Unidos, y la Convención Internacional sobre la Conservación de Recursos Marinos Vivos del Antártico [International Convention on the Conservation of Antarctic Marine Living Resources].

La planificación espacial se centra en el uso global de los recursos marinos por parte de los seres humanos.

2. La planificación espacial marina está relacionada con el concepto de manejo basado en el ecosistema, y se enfoca específicamente en una mejor integración del manejo de las diversas, y a menudo conflictivas, actividades humanas en el mar.30,31 Muchos de los desafíos que enfrentan los océanos se derivan en parte de una gobernanza descoordinada. Por ejemplo, la pesca, la minería, la extracción de petróleo y gas, la conservación de mamíferos marinos, la navegación, y otras actividades en aguas territoriales norteamericanas están reguladas por más de 20 agencias separadas, desconectadas la una de la otra. Una de las principales recomendaciones tanto de la Comisión Norteamericana sobre Política Marina [U.S. Commission on Ocean Policy] como de los reportes similares de la Comisión Pew [Pew Commission] en el 2004, fue que esta situación debía ser solucionada. Durante muchos años, sobre tierra se ha usado la zonificación en forma rutinaria. La planificación espacial marina puede colocar conjuntamente en forma estratégica actividades compatibles y separar aquellas que son incompatibles, y buscar la forma de acomodar en forma optima la plétora de usos humanos potencialmente conflictivos, tales como la recreación, la pesca, y la generación de electricidad. En última instancia, el manejo espacial marino debe también establecer coordinación con las actividades sobre tierra para desarrollar responsabilidad en las cuencas hidrográficas costeras adyacentes; para reducir el influjo de contaminantes tóxicos y de nutrientes; y para mitigar y adaptarse al cambio climático inducido por los seres humanos.

Los programas de incentivos implican cooperación.

3. Los sistemas de incentivos para la pesca sostenible que han sido mejorados incluyen recientemente una exploración del sistema de acceso dedicado (o derechos territoriales exclusivos), tal como los programas de cuotas de pesca, así como, una gobernanza más efectiva a nivel nacional y local.32Fundamentalmente, el manejo de la pesca implica el manejo de la gente que pesca, lo cual puede incluir medidas punitivas (tales como las restricciones que fueron usadas históricamente en el manejo) y medidas de incentivo (tales como incentivos financieros para adoptar aparejos de pesca menos dañinos). Lo último involucra sistemas de incentivos apropiados para hacer que la pesca sea sostenible.33 Un enfoque prometedor de este tipo que está tomando impulso, involucra Programas de Privilegio de Acceso Limitado [Limited Access Privilege Programs; LAPP’s, por sus siglas en ingles], que se conocen también como programas de cuotas de pesca [“catch shares” en inglés], en los cuales se le asigna a un pescador individual, o a una comunidad, o asociación, una cuota de peces segura. El raciocinio consiste en que puesto que las cuotas son asignadas antes de que empiece la temporada, los pescadores saben cuántos peces tienen permiso de pescar ese año, y por lo tanto tienen incentivos para hacerlo en forma eficiente, en vez de la típica carrera, contraproducente y costosa, para pescar la mayor cantidad de peces posible que ocurre con las reglas históricas, que a menudo son complicadas. Por otro lado, los LAPP por definición limitan el acceso, y por lo tanto, acarrean muchas decisiones difíciles acerca de cómo se asignan las cuotas, así como también los potenciales impactos de la consolidación del esfuerzo tanto en las comunidades ambientales como en las pesqueras.

La acuicultura tiene algunos beneficios pero también conlleva algunos riesgos.

Finalmente, ningún informe sobre el futuro de los peces seria completo sin tener en cuenta la industria global de la acuicultura, que está creciendo rápidamente, y la cual representa más de un tercio de la producción pesquera mundial total en el 2006.1 Aunque frecuentemente se ha sugerido que la acuicultura es una solución para los impactos ambientales de la pesca marina, y seguramente será parte de tal solución, la respuesta no es simple. Muchos de los peces que se han propuesto para las granjas marinas a gran escala, particularmente el salmón y el atún, son carnívoros. Estas prácticas pueden causar incluso más daño que la pesca de peces salvajes , puesto que estos depredadores de primer orden requieren grandes cantidades de comida, la cual proviene de peces para forraje capturados en el océano; y también debido a su prodigiosa producción de desechos, y el riesgo de enfermedades y de parasitismo que representan para sus parientes salvajes.34,35 Mas aún, los atunes criados en cautiverio son tomados de poblaciones de adolescentes salvajes y no son anotados como pesca en las estadísticas pesqueras.

Por lo tanto, si la acuicultura va a ser parte de una solución sostenible a largo plazo en vez de ser parte del problema, tendrá que enfocarse sobre especies que se encuentran en la parte baja de la cadena alimenticia, tales como bagre y tilapia, evitar transmitir enfermedades y defectos genéticos a los peces salvajes, y producir mínimos desechos y destrucción de hábitat. Así como ocurre en la pesca de peces salvajes, el logro de estas metas requiere un manejo efectivo y unas políticas que se puedan adaptar a un mundo que cambia en forma rápida.

J. Emmett Duffy, Ph.D., es un ecólogo experto en biodiversidad marina y su importancia para la sociedad humana. Es autor de más de 70 artículos revisados por colegas y artículos populares. Su investigación ha sido presentada en la serie Planeta Azul (Blue Planet) de la BBC, en el canal Discovery, y ha sido publicada en textos estudiantiles, y en otros medios de publicación alrededor del mundo. Recibió la Beca de Investigación Aldo Leopold en el 2006, y ha prestado sus servicios en las juntas editoriales de las revistas Ecology, Ecology Letters, Ecological Monographs, Journal of Ethology, y como editor de tema (Océanos y Biodiversidad) para la Enciclopedia de la Tierra [Encyclopedia of Earth] que se encuentra en la red. El Dr. Duffy recibió su Ph.D. de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y ha tenido becas de investigación del Smithsonian Institution y de la Universidad de California, Davis. En la actualidad es el Profesor Loretta y Lewis Glucksman de Ciencias Marinas del College of William and Mary, del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia.

Fuente y referencias: http://www.actionbioscience.org/esp/ambiente/duffy.html#fullbio

Artículo original de ActionBioscience.org en Inglés:http://www.vims.edu/people/duffy_je/index.php

Martin Pescador

Mortandad de peces

15 de Marzo de 2010 · Por La Nota digital*

Saturada de toxicidad toda la región pierde su fauna ictícola.

Cientos de peces han aparecido muertos en el arroyo Gená en proximidades a la localidad de Santa Anita. Autoridades de ese municipio las atribuyen a fumigaciones aéreas realizadas la semana pasada. La mortandad fue visible en un tramo de 250 metros.

Vecinos de Basavilbaso denunciaron que aviones utilizados para realizar aplicaciones en cultivos sobrevolaron los barrios Pueblo Nuevo y Tocachier.

La mortandad de peces fue perfectamente visible en un tramo de 250 metros del arroyo Gená, a 4 kilómetros de Santa Anita. Lugareños afirmaron en sus testimonios a Riel FM que al recorrer las orillas del arroyo se podían ver agolpados cientos de peces muertos o con un hilo de vida.

En conocimiento de esta situación las autoridades de la Municipalidad de Santa Anita hicieron saber a la población que se iniciaron las actuaciones administrativas correspondientes, y que en principio la situación se la atribuyen a una fumigación aérea realizada durante la semana pasada.

Entre tanto durante dos días de la pasada semana, entre miércoles y jueves, un avión fumigador sobrevoló los barrios Pueblo Nuevo y Tolcachier. Vecinos denunciaron ante los micrófonos de Riel FM que volaba a muy baja altura y que incluso lo hizo sobre la Escuela Nº 47 “Maestro Isaías Torres”.

La preocupación de los vecinos se vio acrecentada por las quejas sobre los efectos nocivos que los químicos que supuestamente arrojó la aeronave sobre este sector de la ciudad causaron en huertas y árboles.

* Fuente: La Nota digital: Aparecieron peces muertos en el arroyo Gená y apuntan a fumigaciones aéreas

El océano languidece

Existen pruebas científicas de que los océanos del mundo pudieran estar entrando en una nueva fase de extinción masiva de especies marinas

Ya vamos por cinco extinciones masivas en los últimos 600 millones de años. La más reciente ocurrió hace unos 500 000 siglos. Entonces desapareció la mitad de los peces de aguas profundas.

La historia no ha terminado. Otra catástrofe masiva de especies se aproxima. En las anteriores la familia homínida ni pensaba en existir. En esta, seremos quienes acabaremos con la existencia.

La muerte de los mares está a punto de decretarse. No es broma. «Existen sólidas pruebas científicas de que los océanos del mundo pudieran estar entrando en una nueva fase de extinción masiva de especies marinas».

El dictamen está recogido en el informe Taller 2011 de expertos internacionales sobre el sistema terrestre: efectos y presiones sobre los océanos, cuya discusión se realiza a instancias de Naciones Unidas.

La investigación, reseñada por la agencia española de noticias EFE, indica que «podrían haberse dado ya los primeros pasos hacia una extinción de importancia mundial». No es un pronóstico para verificar ni a mediano ni a largo plazo, ni tan siquiera mañana.

El testimonio más dramático de lo que está ocurriendo y está por venir se remonta a 12 años atrás, al año 1998, cuando un incidente de decoloración de corales causó la muerte del 16 por ciento de los arrecifes de coral en los trópicos de todo el mundo, como recuerdan —no sin cierto dramatismo— los peritos.

La causa primera del desastre es conocida por todos: «El incremento de las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono (CO2)» a la atmósfera. Y los heraldos de esta nueva muerte son la sobreexplotación, la contaminación, el calentamiento de las aguas, su acidificación y la falta de oxígeno.

A esto se suma la presencia de sustancias ignífugas y almizcles sintéticos asociados a los detergentes que se acoplan a las partículas plásticas y que ingiere la fauna marina. Y tras ellos —o en ellos—, nosotros. No se olvide que somos el escalón más alto de la cadena depredadora en este maltratado planeta.

Los científicos estiman que el daño ya está hecho. Que «los océanos y sus ecosistemas no podrán recuperarse».

Son «conclusiones estremecedoras», señalaba el Programa Internacional sobre el Estado de los Océanos (IPSO).

La espina hinca

Al informe que se debate en los salones de la ONU, se agrega por estos días —in situ y en tiempo real— la expedición interoceánica española Malaspina, que zarpó el 15 de diciembre de 2010 de puerto ibérico y que recién ancló en el Caribe colombiano.

El bojeo científico alrededor del mundo está recogido en un reportaje del medio digital http://www.eluniversal.com.co.

Señala que durante su travesía desde Honolulú (Hawai) hasta Panamá, los investigadores observaron que en las capas de agua intermedias (de 200 a mil metros de profundidad) del Pacífico Tropical Central el oxígeno es muy escaso.

«Las bajas concentraciones de oxígeno se asocian con la mortalidad y la huida de peces y afectan al ocho por ciento del área oceánica», indicaron los expertos, quienes confirmaron que esta es una las regiones marinas con menos oxígeno en la Tierra.

La expedición ibérica también detectó que las dosis de radiación ultravioleta, capaces de dañar a los organismos, penetran hasta 60 metros de profundidad en el cuerpo de agua.

Fue un hallazgo sorprendente, y preocupante, según explicaba el coordinador del bojeo, Doctor Carlos Duarte, para quien los impactos de la radiación ultravioleta pueden ser más importantes de lo que hasta ahora la comunidad científica mundial se esperaba.

Malaspina no es nombre de mal augurio. Se trata de un proyecto que se bautizó así en homenaje al marino italiano Alejandro Malaspina, capitán de la Real Armada Española fallecido en 1810, que dirigió una expedición de circunnavegación que partió de Cádiz y regresó a ese puerto cinco años después.

Sin embargo, la mala espina arrojada por el hombre a los océanos ha hincado a los científicos por donde quiera que el buque oceanográfico Hespérides rompió olas.

Los estudiosos han podido ver —narraba el periódico colombiano— «cómo muchos de los componentes utilizados por los humanos están en el mar, como contaminantes derivados de hidrocarburos, dioxinas —compuestos químicos obtenidos a partir de procesos de combustión que implican al cloro— y residuos orgánicos.

Caliente, Caliente

Junto a lo anterior —bueno para nada—, otro fantasma navega por el mundo: el impacto del calentamiento global sobre los casquetes polares, los glaciares y los hielos permanentes.

Una afirmación categórica, y al parecer irrefutable, es que «ya no hay ninguna posibilidad de que se frene el deshielo del Ártico», según dijo a la prensa, sin pelos en la lengua, el Doctor Carlos Duarte.

El fenómeno se está desarrollando. Se acelerará en los próximos años. Y pondrá en marcha una serie de mecanismos con efectos a nivel global de graves consecuencias, explicaba el especialista en una entrevista publicada en el sitio digital http://www.lavozdegalicia.es.

«El Ártico, aunque parezca un lugar lejano, es uno de los territorios del planeta que concentra el mayor número de mecanismos que llamamos de cambio abrupto en el planeta Tierra», agregaba el líder del Malaspina.

Así que si un día de estos usted tira la mano al mar y se lleva algo de agua a la boca, quizá esté probando por primera vez el sabor del Ártico.

Entonces recuerde que el permafrost (el hielo perpetuo) se está fundiendo. Que esto liberará cantidades ingentes de metano. Que este gas es de efecto invernadero. Que el CO2 al lado de él es una bicoca, pues tiene un poder 20 veces mayor que aquel.

Acuérdese, además, que la pérdida de hielo afectará al balance térmico global, pues de reflejar casi el 90 por ciento de la radiación, pasará a absorber el 80 por ciento de esta. Que el deshielo de Groenlandia incrementará el nivel del mar en todas las esquinas del planeta. Y que esto erosionará todas las costas.

Ese día, quizá, haya ido al mar de manos de su pareja. Dígaselo también a ella o a él. Puede ser un diálogo inteligente, aunque no le prometo que termine siendo una velada romántica.

Más, más, más, suma menos

La mayoría de los expertos en temas oceánicos cree que en el futuro estos serán más salados, más calientes, más ácidos y con menor variedad de especies.

En 2002, la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU propuso configurar un nuevo sistema que controle la salud del planeta. Aprovechando esa iniciativa, en octubre del pasado año científicos marinos exhortaron a crear un nuevo sistema de vigilancia para estos ecosistemas.

Según un reporte de entonces de la agencia Reuter, entre los temas que más preocupan a los estudiosos está la acidificación de las aguas superficiales en los océanos, un proceso que empezó a verificarse desde comienzos del siglo XVIII, a causa del incremento de las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, debido a la quema de combustibles fósiles.

De allá a acá, la acidificación ha crecido un 30 por ciento.

Hallazgos en el Índico

Los estudios realizados por la expedición Malaspina —liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España— indican que el océano Índico tiene la capacidad de absorber tres veces más nitrógeno procedente de la atmósfera que el Atlántico, reseña el portal http://noticiasdelaciencia.com.

Este nutriente —explica— es clave para que el fitoplancton crezca, realice la fotosíntesis y cumpla su función de captación de CO2 del aire, pues los microorganismos que forman el fitoplancton retienen casi tanto CO2 como las plantas terrestres, y por tanto, son fundamentales para la regulación del clima.

Quizá la clave esté en las altas concentraciones de silicato verificadas en el Índico, tanto en la superficie como a 4 000 metros de profundidad.

El «silicato es un elemento esencial para el crecimiento de una especie de microalgas, las diatomeas, que desempeñan un papel clave en la fijación de nitrógeno», explicó el jefe científico de la etapa Índica, Jordi Dachs.

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pescadores indígenas Weenhayek y Wichi

Nuestras culturas hablan de pesca

14 de Febrero de 2010 · Por Janis B. Alcorn*

Los Weenhayek y Wichi avanzan desde mayo hacia la conformación de una Comisión Binacional de Pueblos Indígenas del Pilcomayo, en Bolivia y Argentina, con el concepto de “Protectores del Pilcomayo”.

Foto Fundación Yangareko

Miembros de la comunidad de pescadores indígenas bolivianos Weenhayek, realizaron un viaje por la ribera sur del río Pilcomayo y el Bermejo hasta Embarcación, Salta. El objetivo del viaje fue conocer las actividades y artes de pesca de los Wichi en territorio argentino. El encuentro fue posible gracias al apoyo de la fundación Yangareko.

En el marco de las actividades que fueron previstas después de la reunión de pescadores en mayo de 2009 en Villamontes (Bolivia), los miembros del pueblo Weenhayek Alfredo Cortez y Freddy Cortez, acompañados por los técnicos Fernando Estrada y Hernán Cortez, realizaron un viaje cubriendo parte de la ribera sur del río Pilcomayo en la frontera entre la Argentina y Bolivia.

El recorrido, que contó con el apoyo de la fundación Yangareko, se realizó con el objetivo de conocer las actividades y artes de pesca que se desarrollan en el sector Argentino del Pilcomayo, continuando posteriormente hasta el río Bermejo cercano a la ciudad de Embarcación, Salta.

Los pescadores bolivianos pudieron constatar que la pesca en el sector argentino se realiza con fines de subsistencia y también para el comercio en ciertas áreas más cercanas a Bolivia. La región visitada está comprendida entre el Hito 1, Puntana, Monte Carmelo, La Curvita, Santa María, Santa Victoria, Mercedes, La Estrella y Misión La Paz; todas habitadas por indígenas Wichi, asentadas sobre la ribera de Río Pilcomayo. Santa Victoria del Este es el centro urbano más grande del área, donde habitan criollos y aborígenes Wichi.

La pesca que se realiza en el sector, hasta la comunidad de Santa María, se comercializa en territorio de Bolivia, cerca de la frontera. Eso se debe a que estas comunidades se encuentran demasiado alejadas de zonas urbanas en la cuales puedan comercializar la pesca y no existen maneras de comercializarlos en el territorio argentino, como se practica en Bolivia. Además, “a los camiones que están sobre la ribera del río en el sector boliviano, les viene bien este pescado para completar su carga y acelerar la salida al mercado”, así lo indicó el Cacique Mario Segundo de la comunidad Santa María.

En tanto, “en las comunidades desde Misión La Paz hacia abajo, la pesca se realiza sólo para consumo en la zona y no así para el comercio”, recalcó el Cacique. Es por eso que el río Pilcomayo para los aborígenes es muy importante, ya que es el sustento para alimentar a sus familias durante todo el año.

En el recorrido que se realizó por el río Bermejo, se conoció que la actividad pesquera es más restringida en comparación con la del río Pilcomayo. Allí, los pescadores aborígenes Wichi sólo pueden pescar 45 peces por día por tres veces a la semana, y la comercialización sólo puede darse en las mismas comunidades y no así para sacar a un mercado local o a la localidad de Embarcación. Eso se debe a que la pesca en el Bermejo, en Argentina, está normada por resoluciones dictadas por el Gobierno de la Provincia de Salta, en la repartición de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable.

Los pescadores, según la norma, sólo pueden pescar con redes de hasta 40 metros de largo y 3 metros de alto, con un tamaño de malla o unidad de red de 7 centímetros. Esta permitido pescar de manera artesanal, y en todos los casos los peces deben medir al menos 40 centímetros de largo, pero esta prohibido pescar con red pollera.

Técnicos de la Secretaría de Medio Ambiente realizan recorridos permanentes de inspección en el área del Bermejo, entrevistando distintos actores sociales y verificando los instrumentos o artes de pesca utilizados en las jornadas de trabajo.

Embarcación, Salta, 12 septiembre 2009.-

*Fuente: cuencadelplata-granchaco.org

FUENTES: http://www.permahabitante.com.ar

 

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