El estado de las cosas según la ONU

El anuario del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA) alerta del peligro que corren las tierras y de los riesgos que conllevan los residuos nucleares. En efecto, la tierra se está quedando sin carbono y, debido a ello, se pone en peligro la seguridad alimentaria, la gestión de los recursos acuíferos y el clima del siglo XXI. Según el anuario, durante el siglo pasado un 24% de la superficie terrestre mundial ya se vio afectada por las consecuencias de una gestión insostenible del suelo. Entre otras consecuencias destacan un empeoramiento de la salud y de la productividad del mismo. Este estudio, publicado cuatro meses antes de la cumbre “Rio + 20”, subraya otro problema mundial emergente: el desmantelamiento de un número cada vez mayor de reactores nucleares cuyo ciclo de vida toca a su fin. 

20.02.2012, ladyverd.com 
El anuario PNUMA 2012 publica una serie de estimaciones que indican que ciertos métodos agrícolas convencionales e intensivos desencadenan un fenómeno de erosión del suelo casi 100 veces superior al que provoca la naturaleza. Si no cambiamos los métodos de gestión del suelo, sólo un 20% de los hábitats terrestres (bosques, turberas y praderas) de los países en desarrollo podrán ser convertidos en tierras de cultivo hasta 2030, lo que agravará aún más la pérdida de los beneficios que nos otorgan los ecosistemas vitales y la desaparición de la biodiversidad.

De la misma formal, el deterioro del suelo podría tener una profunda implicación en los mecanismos del cambio climático debido a que el suelo contiene enormes cantidades de carbono en forma de materia orgánica que se relaciona con otros nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas y que permiten al agua de lluvia penetrar a las capas freáticas subterráneas. Durante el siglo XIX, se estima que el 60% del almacenamiento de carbono retenido en el suelo y en la vegetación fue liberado por causa de los cambios en la forma de utilizar el suelo (el desbrozado para llevar a cabo monocultivos y la urbanización). Según ciertos cálculos, en el primer metro de la capa superior del suelo se almacenan más de 2.200 gigatoneladas de carbono, es decir, el triple del índice de carbono presente actualmente en la atmósfera de la tierra. Si el actual modelo de gestión de la tierra no cambia, se liberará cada vez una mayor cantidad de carbono a la atmósfera y se agravará el problema del calentamiento global relacionado con la quema de combustibles fósiles.

En Brasil, los cambios realizados en los métodos de producción agrícola han resultado muy positivos en lo referente al almacenamiento de carbono en el suelo. El uso de técnicas “no till” (siembra directa), técnica no agresiva con el suelo que no labra y que deja sobre la superficie los rastrojos del cultivo anterior. La práctica de esta técnica en los cultivos de soja y maíz, combinada con sistemas de rotación sincronizada de cultivos, permitió aumentar el índice de captación de carbono en el suelo a 0,41 toneladas por hectárea y año.
Nota: La ONU no menciona en este estudio en Brasil del efecto ecológico nefasto de los monocultivos, degradando la tierra a punto de desertificación, a según el tiempo de uso del monocultivo. Los monocultivos son los culpables en gran parte del calentamiento global, de la escasez de alimentos y de las hambrunas.

El anuario PNUMA 2012 destaca el riesgo que corren las turberas. Si se secaran las turberas, especialmente ricas en carbono, se generarían unas emisiones equivalentes a más de 2 gigatoneladas de CO2 anuales, es decir el 6% de las emisiones de gas de efecto invernadero generadas por el hombre. Actualmente, las turberas están inmersas en un proceso de degradación 20 veces más rápido que la velocidad a la que se acumula la turba. En lo referente al almacenamiento de carbono ocurre lo mismo.

El peligro de los residuos nucleares

Durante los próximos 10 años se tiene previsto jubilar los 80 reactores nucleares civiles que hayan alcanzado el final del ciclo de vida concebido en su origen. En enero de 2012 ya se habían cerrado 138 reactores nucleares civiles en 19 países, entre los cuales 28 en Estados Unidos, 27 en Gran Bretaña, 27 en Alemania, 12 en Francia, 9 en Japón y  5 en la Federación Rusa.

Según el anuario, el coste de desmantelamiento varía considerablemente en función del tipo de reactor, de su tamaño, de su emplazamiento, de la proximidad y la disponibilidad de las instalaciones de eliminación de residuos. En Estados Unidos, el coste medio del desmantelamiento de un reactor nuclear se estima en un 15% del coste inicial. En Francia existe un caso, el del reactor Brennilis, cuyo coste de desmantelamiento alcanzó el 60% del coste inicial, y aún sigue subiendo.

Según Achim Steiner, Secretario general adjunto de la ONU y Director ejecutivo del PNUMA, “El anuario del PNUMA destaca dos problemas emergentes. Se trata de dos cuestiones que suponen un desafío y nos obligan a tomar una decisión: las naciones deberán tratar de construir un siglo XXI sostenible poniendo en marcha un sistema urgente de mejora de la gestión del suelo y desmantelando numerosos reactores nucleares. A primera vista estas dos cuestiones parecen distintas, pero los dos problemas afectan a un asunto fundamental para el futuro de la humanidad:cómo va a alimentarse el mundo mientras lucha contra el cambio climático y gestiona el almacenamiento de residuos extremamente peligrosos. La fina capa de sustrato que se extiende por la superficie de la tierra es uno de los ecosistemas que a menudo olvidamos pero que resulta primordial para la supervivencia y el futuro de toda la humanidad. “.

Anuario ONU 2012

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s